Oporto. Portear o morir

Como mucho sabéis, el primer fin de semana de septiembre fue nuestro aniversario de bodas, y este año me tocaba organizarlo a mi.

La idea era buscar un destino cercano para no pegarnos mucho tute con el peque. Algo diferente y cercano por el poco tiempo del que disponíamos.

Después de darle un montón de vueltas y valorar las opciones, al final me decanté por llevarme a Guille y al enano a Oporto.

(Vista desde lo alto del puente Luis I)

Viviendo en Galicia, la verdad es que Portugal está a la vuelta de la esquina y para nuestra primera escapada con Álvaro me pareció una decisión muy acertada.

Exactamente nos separan dos horas de coche y un peaje de 14 euros.

Álvaro fue encantado todo el trayecto y se nos hizo muy ameno.

La pregunta es: ¿Qué considero imprescindible llevar a una ciudad como Oporto con un bebé de 4 meses?.

Pues señores y señoras, sin duda alguna, la mochila de porteo.

Oporto tiene el 90 por ciento de sus calles con una inclinación considerable y además empedradas, por lo que recorrer la ciudad con sillita se convierte en misión imposible.

(Camino de los Jardines del Palacio de Cristal)

He de decir que en ningún momento supuso un problema, ni mucho menos. De hecho, con el calor que hacía, Álvaro no podía ir mejor y más fresquito que con mamá o papá en la mochila y su gorrito de explorador.

Como he dicho en varias ocasiones la mochila que elegimos cuando nació Alvaro fue la “Ergobaby Addapt”. Una decisión muy acertada. No veáis los “tutes” que nos damos con ella y además de estar como nueva el peque va encantado de la vida.

Para que os hagáis una idea de lo interesante que es que llevéis mochila a una ciudad así, deciros que nada más bajarnos del coche en el parking, ya tuvimos que echar mano de ella ya que para salir a la zona monumental había 2 pisos de escaleras realmente empinadas.

Y de allí al apartamento, a exactamente 3 minutos andando del parking. Cuando viajas con un niño tan pequeño, al menos para nosotros lo interesante es la comodidad.

Para alojarnos, mi elección fue el “Oporto Home River Front” un apartamento precioso con vistas al Duero en El Barrio de la Ribera. Un acierto sin duda.

Después de hacer el checking y dejar las maletas. Comenzamos a recorrer la ciudad.

Primera parada, Iglesia de San Francisco.

Al llegar a la oficina para comprar los tickets, nos percatamos de que en la cola todo el mundo nos dejaba pasar. Muy educadamente nos cedían su sitio, por lo que en menos de 5 minutos ya habíamos llegado al punto de venta. (Más adelante os cuento por qué tanta amabilidad).

La entrada para la iglesia cuesta 7 euros e incluye el museo y las catacumbas. Personalmente me pareció una visita increíble y totalmente recomendable, ocupa como mínimo 1 hora de tu agenda, al menos si quieres verlo todo con detalle.

Tanto para llegar a la iglesia como para bajar a las catacumbas (como se aprecia en las imágenes) hay cientos de escaleras por lo que volvemos a lo indispensable de portear a nuestros peques.

Después de la visita a la iglesia y tras una larga y empinada cuesta totalmente empedrada, llegamos a la Torre de los Clérigos. Allí encontrareis varias cafeterías donde tomar algo después de la caminata, sacar al peque de la mochila para que estire las piernitas, cambiarle, darle de comer…

Personalmente nosotros compramos unas botellitas de agua y nos fuimos al parque de la Plaza de Lisboa, justo enfrente. Se estaba fresquito bajo los árboles e incluso corría algo de brisa.

El primer día comimos en el “Steak and Shake” porque se nos fue el santo al cielo y ya no encontrábamos mesa en ningún sitio pero he de decir, que para ser una cadena de hamburgueserias esta genial.

Una vez estuvimos refrigerados y con el buche lleno los tres, seguimos a la Plaza de la Fuente de los Leones y la Iglesia del Carmen. Muy cerquita todo. Y justo enfrente de la Iglesia, decidimos coger la línea 22 del tranvía .

(Iglesia del Carmen)

Esta línea hace un recorrido bastante turístico por la ciudad entre los barrios de Carmo y Baltaha y además, teniendo en cuenta lo “clasico” del tranvía de Oporto es algo de lo que personalmente no queríamos prescindir .

Y de nuevo la importancia de la mochila. En el Tranvía por un lógico problema de espacio es muy difícil que os dejen acceder con sillita.

Tras el paseo en tranvía vuelta al apartamento y a prepararse para cenar.

He de decir que algo que recordaré toda la vida de este viaje es que al no llevarnos la bañerita del peque, decidí meterme en la ducha con él y fue una experiencia increíble. Que cosas…

Os recomiendo cualquiera de los restaurantes del Paseo de la Ribera pero si tengo que elegir, me quedo con el Restaurante Bacalhau. Relación calidad precio increíble. Eso si, no reservan mesa por lo que os aconsejo que vayáis con tiempo y temprano. En Portugal la gente empieza a cenar a las 8 de la tarde.

Tras la cena en el Bacalhau, el paseo por el Barrio de la Ribera hasta el Puente de Luis I es un auténtico regalo. Música en la calle, mimos, malabaristas… El ambiente es increíble y las vistas del puente y el río iluminado nos parecieron una maravilla. No pudimos terminar el día de mejor manera.

(Vista del puente de Luis I desde El Barrio de la Ribera)

Nuestro Segundo y ultimo día en Oporto fue igual de completo.

En el “Oporto Home River Front” tienes la opción de contratar el desayuno en la habitación, así que a las 9 y media una chica encantadora pico en nuestra puerta y nos entregó esta maravilla de cesta.

Después del desayuno continuamos con el recorrido por la ciudad.

Siguiente parada, Librería Lello, considerada una de las más bonitas del mundo.

Dada la obsesión que tengo por mi libro favorito “El Principito” no podía pasar sin comprar esta edición tan especial en portugués para mi colección.

Y aquí vuelvo con el por qué de la amabilidad en la cola De la Iglesia de San Francisco.

Al llegar a la cola de las entradas para la librería, la señorita de la caja nos llamo con el dedo y nos pidió que nos saltáramos la cola. No entendíamos nada, mirábamos de un lado para otro sin saber por qué motivo nos llamaba.

Pues la respuesta era fácil. En Oporto al menos (seguramente me diréis que en otros lugares también) en todos los accesos a museos y monumentos históricos tienen prioridad papás con bebés por lo que no hay que hacer cola en ninguno de ellos.

Si señoras, llegar y besar el santo. Que comodidad por favor. Bravo por esto.

El acceso a la librería es bueno pero imposible acceder a la parte superior con sillitas, de hecho, ya es complicado subir con mochila teniendo en cuenta el flujo de turistas que hay siempre bloqueando la escalera. Pero sinceramente, merece la pena verlo.

Después de la visita a la librería y antes de ir a comer aprovechamos para ver alguna que otra maravilla de esta ciudad.

Catedral de Oporto

Capilla de las Almas

A las 14:30 nos esperaba una reserva en el restaurante Tapabento. A partir de ahora lugar de visita obligado en nuestros próximos viajes a la ciudad.

El establecimiento se encuentra a escasos pasos de la estación de San Bento, visita obligada.

Regentado por Isabel, una mujer maravillosa con la que tuve el placer de charlar y que se porto con nosotros como si nos conociera de toda la vida este restaurante no deja para nada indiferente.

Os recomiendo que no paséis por Oporto sin visitarla y degustar cualquiera de las opciones de su carta. Eso si, reservad antes porque siempre está súper concurrido.

Después de un paseo para bajar la comida y por supuesto comprar unos Pasteles de Belém (un nuevo vicio para mi colección), de vuelta a casa.

En resumen, me ha encantado que mi primera visita a Oporto halla sido acompañada de mis dos tesoros.

Realmente, el hecho de viajar con bebés no tiene por qué cuartar nuestras vacaciones. Al contrario, sin duda los peques las hacen mucho más especiales.