Perfectamente imperfecta

Amiga. Si, tú.

Esa que me mira, me observa y me lee. Esa que me juzga y me cuestiona como persona y ahora también como madre.

A ti amiga, que has entrado en mi vida porque yo te he abierto la puerta, aunque nunca te haya invitado a tomar café…

Amiga. Si, a ti.

Que de repente has pensando que eres el “puto vademécum” de los consejos por que te enseño parte de mi vida. La que quiero, la que decido enseñarte, porque soy libre de hacerlo.

Te digo amiga por que yo si veo a una amiga en ti, a una compañera de lucha a una aliada.

Amiga.

Te lo digo a ti, que has decidido juzgarme a mi por ser libre y hacer lo que me sale del bolo.

Esta soy yo, perfectamente imperfecta con mis dudas y mis complejos, con mis pros y mis contras pero siempre yo.

Mis principios son míos. Alguna que otra vez me los he saltado y eso ha hecho que me cuestione como persona. Pero son míos e incluso a ellos me los salto cuando quiero por que son eso, míos y solo míos.

Amiga.

Si pretendo que opines sobre mi, pediré tu opinión, es un simple símbolo, nos lo enseñan en el colegio está al principio y al final de una pregunta. Es este ?.

Si te digo ¿tu que opinas? Eres libre de regalarme tu verborrea, si no lo hago quizá deberías plantearte el dejar tu diarrea verbal en tu casa junto con la lista de cosas que me importan una mierda.

A ti, amiga, que no te crees fuerte y por eso intentas callar las voces de las que quieren gritar y decir que deciden hacen y dicen lo que les llega en cada momento.

A ti, amiga, te diría que soy libre.

He luchado y caminado por la vida para serlo, busco mi propia tribu, aquella que me apoye y me quiera como soy.

Porque si, amiga. Así soy yo, insisto. Perfectamente imperfecta, pero yo, de la mañana a la noche.