¿Ratón de campo o ratón de ciudad?

Hay que ver cómo cambian las prioridades en la vida según van pasando los años…

Me crié y pasé mi adolescencia en una villa pequeña, donde todos nos conocíamos y el día a día era bastante rutinario y fácil, pero muy divertido.

A menudo mis amigos y yo hablábamos de lo importante que sería salir de allí, ver mundo, conocer gente y cambiar de aires.

Más tarde o más temprano todos lo fuimos haciendo y decidiendo nuestro futuro en base a todas las cosas que nos ocurrieron durante aquellos años, pero con una mochila cargada de experiencias del tiempo que pasamos juntos.

Muchos de mis amigos decidieron formar sus familias en la ciudad, otros en el pueblo y otros a miles de kilómetros, en otro país. Todas ellas familias maravillosas.

Y diréis, ¿para qué esta introducción?

Pues bien, últimamente me planteo a mí misma lo diferentes que somos las personas en relación a la ubicación que decidimos para formar nuestra familia y si mi decisión respecto a ello influirá mucho o no en la personalidad de mi hijo.

Cuando voy a alguna ciudad grande, varias veces he tenido la misma o parecida conversación con el taxista. El tráfico, el calor, el estrés… (eso yo, que me vuelvo Mr Scrooge cuando salgo del pueblín).

Al decir que vivo en Galicia y que llego a mi trabajo en 5 minutos, en ocasiones la respuesta ha sido:

“Claro, es que menuda calidad de vida”

Entonces me quedo pensando en eso, ¿hasta que punto muchas veces, priorizamos nuestro trabajo y nuestra economía y dejamos a un lado la calidad de vida..?

Y con calidad de vida no me refiero a irte a Costa Rica y montar una coquetería, no va de eso la cosa (que no estaría mal por otra parte). Hablo de priorizar pequeñas cosas en la medida de lo posible para disfrutar un poquito más de la vida y en consecuencia de la familia.

Y lo digo yo, que en algún momento he vivido en algún lugar que me impedía pasar tiempo en casa o en el cual mi puesto de trabajo me generaba tal nivel de estrés que no me dejaba ver lo importante de esas pequeñas cosas. Pero en ese momento, mis decisiones sólo me afectaban a mí.

El día que descubrimos que íbamos a ser papás, yo firmaba el finiquito de la empresa en la que estaba en ese momento y en la cual trabajaba una media de 10 horas al día (grupos de whats app y mail a horas intempestivas aparte..), para incorporarme a un proyecto nuevo, muy apetecible, con horarios mucho más flexibles, pero, menos remunerado.

En otro momento me hubiera dado miedo dejar un puesto de trabajo en esas circunstancias y aventurarme a algo nuevo, pero, el hecho de saber que íbamos a ser padres me hizo pensar aún más en lo importante que iba a ser poder tener tiempo libre, que mi cabeza estuviera despejada y en consecuencia tener la mente clara para poder hacer las cosas bien y como siempre había querido cuando me imaginaba el momento de ser mamá. Entonces, me di cuenta de que nunca lo había tenido tan claro. Firmé aquel finiquito con una sonrisa en la boca (cagada de miedo, para que engañarnos.. pero con una sonrisa).

Y con ello, teniendo en cuenta que las circunstancias y la localización del nuevo puesto me lo permitirían, quería volver al principio, quería volver a un pueblo. Algo pequeño donde criar al enano de la misma manera que me criaron a mí, para que, cuando tuviera 15 años, se planteara irse a Madrid a estudiar porque la aldea se le quedaba pequeña….

En resumen. Sé que las circunstancias de cada uno son diferentes y que no siempre podemos vivir donde queremos ni cómo queremos y más en los tiempos que corren, pero:

¿No pensáis que en muchas ocasiones dejamos a un lado ciertas decisiones importantes para centrarnos en otras que quizá, a nosotros nos parecen importantes pero que en el fondo no lo son?

Y llevándolo al terreno de los niños.

¿Bajo vuestro criterio, que diferencias encontráis en que un niño se críe en un pueblo o en una ciudad?

Como siempre, ahi os dejo la cuestión. No sin antes dejar claro, por si acaso, que cada uno escoge la forma de vida que piensa que es la mejor para él y su familia y que nunca jamás pondría en duda el hecho de que todos lo hacemos por el bien de los nuestros.

¡FELIZ DOMINGO A TODOS!